Substack: ¿Mi refugio o el próximo basurero de algoritmos?
Un análisis introspectivo, un poco de rant (y un audio de 29 minutos) para los que todavía creemos en el valor del contenido lento y orgánico.
02:25 – La mudanza a plataformas nuevas y el miedo a que todo se vuelva a “embasurar”.
05:49 – Mi proceso analógico: post-its, notas de voz y cómo uso las IA para desmechar ideas.
11:22 – La presión de apurar el contenido: ¿por qué nos cuesta tanto dejar que algo respire?
13:47 – el sacrilegio de querer meter un vinilo en una licuadora.
20:30 – ¿Es un rant?
26:28 – Confesiones de una introvertida
Si le das play al audio de arriba, te vas a encontrar con 29 minutos de una reflexión que me bajó después de una jornada heavy de trabajo Decidí no editarlo (hacer cortes etc etc) no resumirlo y, sobre todo, no ponerle al lado el cronómetro de la retención.
Si no tienes tiempo para escucharme hoy (o todavía no puedes), acá abajo te dejo los puntos clave de este berrinche :) 🌹
Hoy me agarró una reflexión un poco más amarga.
Me creé este Substack buscando un refugio. Un lugar donde mis ideas (esos pensamientos que me hacen ruido y que necesito volcar) pudieran existir con calma, lejos de la presión de lo inmediato. Un espacio para drenar, para darle forma a mi versión más genuina. Pero mientras hacía scroll en mi break despues de tanto trabajo, vi una dinámica que me hizo click: esa misma urgencia, esa necesidad de fast content que nos termina saturando en todas las redes sociales, está empezando a filtrarse acá también. Y… me asalta una duda existencial:
¿Será que ninguna plataforma es realmente un refugio a largo plazo? ¿Será que estamos condenados a ver cómo cada espacio ‘seguro’ termina convirtiéndose en lo mismo de siempre, simplemente porque todo tiene que ser rápido, digerible y monetizable?
Mi forma de habitar este espacio
La verdad, no sé cómo escriben los demás en Substack, pero hoy quiero contar como me manejo yo. Por un tema de tiempos y de salud mental, no puedo sentarme horas a ‘producir’ contenido en serie. Mi proceso es más bien un rompecabezas: voy dejando post-its en mi escritorio con palabras clave, o me grabo notas de voz eternas como esta donde suelto todo lo que tengo en la cabeza para después transcribir, desmechar y decidir qué se queda y qué no.
Hay una intención detrás de cada cosa. No elijo una imagen o edito un audio porque ‘funcione’ según el algoritmo; lo hago porque me conforma a mí. Mis recomendaciones musicales al final de cada post son tesoros personales, no hits del momento. Todo tiene una razón de ser porque busco ser lo que yo misma consumo: gente genuina.
Y acá es donde entro en conflicto. No es que la forma en que otros ejecutan su espacio sea inválido, para nada. Pero sí cuestiono profundamente esa necesidad de traer la estructura rígida del marketing y la monetización agresiva a una plataforma de nicho.
Se supone que migramos a aplicaciones como esta para sentirnos libres, para dejar de estar contando likes, midiendo el alcance o diseñando ‘estrategias de tracción’. Me agota pensar que, incluso en los lugares creados para la pausa y la profundidad, el objetivo final siga siendo ‘hacer bulto’. Es como si no pudiéramos simplemente estar, sino que tuviéramos que estar constantemente vendiendo nuestra presencia.”
Okay, let’s break this down to give you some context…
Todo empezó escroleando y cruzándome con este personaje de Venezuela podcaster -won’t mention who- y que decidió abrirse un Substack. Hasta ahí, todo bárbaro. El tema es el cómo.
Vi su promoción en Instagram: una edición de video frenética, cortes de un segundo, subtítulos gigantes que te explotan en la cara, un contenido que si es interesante pero que te grita: ‘No tengo tiempo para esto y tú tampoco, así que acá ten el resumen masticado y si quieres más, suscribete’.
Me causó una incomodidad visual terrible. ¿Por qué? Porque Substack, para mi, es el reino del slow content. Es el lugar donde un artículo te puede llevar 15 o 20 minutos de lectura pausada, donde aprecias todo, los recursos que usó la persona, como contó una historia, como hicieron un analisis , el aire entre párrafos. Ver eso convertido en un clip de ‘consumo rápido’ me hizo sentir que estaban queriendo meter un disco de vinilo en una licuadora.
Esa desesperación por la tracción, por el CTA agresivo, por convertir el pensamiento profundo en un ‘gancho’ de retención, me saca. Me da una ladilla infinita ver cómo el esfuerzo de muchos se vuelca a seguir alimentando el fast puto content, incluso en las plataformas que nacieron para ser el antídoto contra eso.
La historia se repite y es casi una ley de internet.
Pasó con MySpace, con Tumblr, con Twitter y ahora con Threads e Instagram. Siempre aparece una red que nace como una escapatoria, un lugar con otro aire, y termina invadida por gente que viene a hacer bulto. Vienen a aplicar las reglas del fast content en lugares que piden pausa, simplemente porque no saben operar de otra manera que no sea gritando.
Como persona introvertida, les confieso que me da un poco de ‘cosita’ compartir espacio con esa energía. Suena egoísta, lo sé. Pero qué ladilla es sentir que de alguna forma compites con gente que solo quiere que la miren, que no le interesa el intercambio real ni el proceso, sino el número. Es como si el propósito de la plataforma fuera lo de menos; lo importante es tener otro mostrador donde vender lo mismo de siempre. Y aunque sé que no lo puedo evitar y que me toca convivir con eso, no deja de darme una pereza existencial enorme.
Un pacto de lentitud, maybe?
Yo, por mi parte, decido quedarme acá. Escribiéndoles (o hablándoles) a mi ritmo, sin el cronómetro de la retención en la mano.
Este es mi pacto: si buscas contenido rápido para consumir mientras haces otra cosa, tienes un millón de opciones ahí afuera. Acá no. Acá nos vamos a tomar los 20 minutos que hagan falta, vamos a apreciar las imágenes y vamos a dejar que las ideas bajen con calma.
Gracias por estar del otro lado de la pantalla (o del audio), respetando el tiempo que las cosas buenas de verdad necesitan para ser contadas.
Recomendación Musical: Un viaje a la playa gótica.
Para cerrar, quiero compartirles el álbum que me acompañó mientras bajaba todas estas ideas (y mientras grababa el audio). Se trata de “Chinese Fountain” de The Growlers.
Si no los conocen, son una banda de California que logró algo muy difícil en la música: crearon su propio género. Su sonido es una mezcla única de lo-fi surf-rock, garage rock, americana y psicodelia. Es tan particular que ellos mismos tuvieron que bautizarlo como "Beach Goth" and I freaking love it.
Este álbum forma parte de mi repertorio personal desde que empecé mi adultez. A los 17 o 18 años escuchaba muchísimo este estilo, y volver a ellos siempre me devuelve a esa sensación de libertad. Es loco, porque también el álbum ES LENTO; no te invita a que te aceleres, sino a que lo disfrutes. See what I did there? I knooow…
Mis 3 “go-to” de este disco (aunque me gustan todas):
Big Toe: El riff del principio es todo lo que está bien.
Rare Hearts: Para escuchar mirando el techo, literal.
Love Test: un clásico rrrromantico.
Les dejo el álbum acá abajo. Denle play, bajen un cambio y disfruten de la lentitud. TY.



¡Buen artículo! Concuerdo bastante con vos. Hoy en día es difícil encontrar un espacio donde de verdad se pueda compartir y no solo “postear” para sumar más ruido a un mundo ya abarrotado. Creo que, en el fondo, no existe un rincón de internet donde no haya algún nivel de competencia, sobre todo porque muchos dependemos de estos medios para sustentarnos (y me incluyo), pero sí se pueden encontrar lugares donde el ruido se filtra un poco y donde se puede aportar y consumir con más intención.
Substack, por cómo se está adoptando y segmentando, parece ser uno de esos espacios. Ya veremos hacia dónde nos lleva todo esto. Sin más que agregar, agradecido por tu post y por la recomendación musical, que está muy buena ;)